Mi afición por la música viene desde pequeño. Recuerdo a mi tío en su cuarto tocando su guitarra española, regalo de mis padres, y yo junto a él con la mía, de juguete, imitándolo. Pasaron los años y un día de Reyes que nunca se me olvidará, él y mis abuelos me regalaron mi propia guitarra española.

 He de reconocer que aunque comencé aprendiendo de su mano, abandoné el aprendizaje cuando se mudó a otra ciudad, teniendo la guitarra olvidada durante algún tiempo, hasta que conocí a unos amigos con la misma afición y formamos lo que sería mi primer grupo, tocando versiones de otras bandas en acústico y con la mitad de los instrumentos prestados.

 Con ellos me subí por primera vez a un escenario. Fue allá por el 98, en la verbena de mi barrio. Aquel 4 de julio pude experimentar por primera vez los nervios antes de una actuación, el calor de los focos en el escenario, los aplausos del siempre agradecido público (la mayoría amigos y familiares, todo hay que decirlo). Después de un par de actuaciones más, con más pena que gloria, se enfrió la cosa y aquello no llegó a más.

 Con el tiempo fui pasando por diversas formaciones, hasta que junto a dos músicos más formé BARATARIA, mi primer grupo “serio”, y el proyecto con el que más tiempo he estado hasta el momento. El un principio el estilo no estaba nada definido, pero conforme fue pasando el tiempo fuimos componiendo y encontrando nuestro camino, hasta llegar a hacer un Heavy Metal clásico y melódico, aunque muy potente.

 Diversos músicos pasaron por el grupo, hasta encontrar una formación más o menos estable, con la que grabamos una maqueta (en la que colaboró Pepe Pino componiendo y grabando dos temas) y dimos algunos conciertos por Andalucía. Pero para un grupo de Heavy Metal es muy difícil mantenerse mucho tiempo debido a la gran cantidad de bandas y al poco apoyo que recibe la música de este estilo. Esto, unido a la dificultad para ensayar debido a mi lugar de residencia, y a la falta de entendimiento entre los miembros del grupo, decidí, muy a mi pesar, abandonar el proyecto después de 5 años volcado en él. Al poco tiempo el grupo desaparecería definitivamente.

 Tras 3 años de “sequía musical”, Mario y Pepe me propusieron formar parte de este nuevo proyecto. Conociendo la trayectoria de la banda en su anterior etapa como SEFARAD, y a sabiendas de la honestidad y el buen hacer de sus componentes, decidí embarcarme en este nueva aventura musical, compartiendo con ellos toda la ilusión y las ganas de volver a tocar, de subirme a un escenario, de expresarme en directo y de sentir el calor del público.

 Aunque el estilo es un poco diferente a lo que había hecho hasta el momento, bien es cierto que mi afición al rock me vino escuchando a grupos como Medina Azahara o Triana, por lo que este estilo siempre me ha gustado.